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jueves, 11 de febrero de 2010

OBBATALÁ Y YEMAYÁ

OBBATALÁ Y YEMAYÁ
Por sus poderes ilimitados muchos de ellos realizan grandes metamorfosis por las vías más inesperadas, en las invocaciones de los sacerdotes y sacerdotisas de una religión milenaria que les rinde culto a cada uno de ellos en particular y a la totalidad de ellos, encabezados por el gran Obbatalá, el creador de todo lo conocido, el que dio origen a todos los hombres, y por Yemayá, la madre de todos los "encantados", la dueña de las corrientes marinas y de todo lo que atañe al mar.
Son libres y se comunican con quien quieren, cuando quieren o cuando pueden, en virtud de sus propias ocupaciones que no les permiten estar dispuestos a satisfacer los caprichos de cualquiera, no siéndole dado a nadie el hacerlos venir contra su voluntad; es preciso esperarlos, tomarles el paso y generalmente cuando menos los esperamos, se presentan con hechos concluyentes y por demás interesantes.
Para asegurar su regreso al mundo de los hombres, investidos de poderes especiales, dotados de la suprema autoridad, asentándose sobre las cabezas, tomando posesión de los hombros, las caderas o las piernas de sus hijos, estos Orishas tienen la peculiaridad de presentarse en este mundo en "posesiones" inverosímiles que les permiten mantener su integridad y su presencia, manifestandose en oportunidad de los bailes y fiestas que los devotos realizan en su honor, utilizando todo su poder para adueñarse de la voluntad del creyente, para manifestarse y expresarse a través de él, creándoles una debilidad, un mundo de ensueño, una sensibilidad poderosa e irresistible, una facultad de combinarse con el "ente" con una creciente rabia y desesperación que raya con la angustia, pues no les basta con querer mostrarse, es preciso que al creyente se le permita establecer con más facilidad la comunicación, recibiendo la fuerza de vida que emana de ellos, plegándose a la voluntad de los dioses, pero también robusteciéndolos.
Ellos le dan a su presencia diversas apariencias de su agrado y en consecuencia producen efectos más o menos pronunciados que obedecen a la estimulación producida por ellos, tomando posesión, dignando trasladarse a su cuerpo para manifestarse, o por el trance místico del participante, que en una relación llena de fervor, golpeando con ímpetu desbordado los tambores, acelerando su ritmo y añadiendo a éstos el sonar de los güiros, las campanitas y diversos objetos que produzcan ruido, pretenden llamar la atención de las supremas entidades, procurando con su intervención captar el lenguaje peculiar de los seres invisibles, intensificando su poder para la posesión del creyente y provocar de esta forma la "bajada del santo", ya que los dioses son atraídos por los sonidos de estos instrumentos, que son parte de sus atributos, por la armonía y la simpatía hacia el ejecutante con quien tienen empatías secretas, por las semejanzas de caracteres con el "poseso" y la similitud de sus gustos, las relaciones que mantienen con sus semejantes y aquellas que establecen consigo mismo.
Tabaré Güerere
CONTINUARA...

martes, 13 de octubre de 2009

LLAMADA A LOS "ORISHAS"

LA LLAMADA A LOS ORISHAS
PARTE III
Unido a ello, los saltos, contorsiones, pasos, bailes y el sonido de las palmadas cadenciosas de los participantes en su intento de atraer las energías de los antepasados, para figurar en sus transportes la presencia de los seres sobrenaturales, en algunos casos intentando aplacar a los entes que no vemos que con sus propósitos malignos pretendan hacernos daño, o para desbaratar los maleficios de los conjuros propios, como también ocurre en los ritos tradicionales de las religiones de los blancos para desbaratar exorcismos o pactos satánicos.
Los Orishas para manifestarse necesitan del concurso de los participantes, reforzando la potencia mágica de los ritos y ceremonias.
Para ello es necesario crear la atmósfera propiciatoria, crear el ambiente donde los participantes que van a ser "montados por el santo", mantengan la atracción necesaria para la satisfacción del santo, para ello los hombres suelen vestirse con chaquetas, pantalones y gorros con los colores alusivos a la entidad que está por llegar, o usan corona.
Las mujeres por su parte usan batas de colores, batas muy holgadas, debajo de las cuales en oportunidades usan pantalones si el Orisha que se les va a posesionar es un macho, evitando con ello malquistarse el genio del santo, además de embellecerse con cintas, pulseras y diversos adornos.
Cuando se les llama, los Orishas recurren a las formas más extravagantes antes de condescender a tomar posesión de la apariencia humana con la cual se van a manifestar, con el hombre o la mujer que les va a servir de "caballo", sobre el cual se van a "montar".
Según sean sus caminos o "avatares" pueden presentarse como hombres o como mujeres, aún siendo el mismo santo.
Tabará Güerere

miércoles, 30 de septiembre de 2009

LA LLAMADA A LOS "ORISHAS"

LA LLAMADA A LOS "ORISHAS"
PARTE II
Al son de los tambores, entes mágicos, habitáculos de un dios, a los que hay que complacer y alimentar, dando lugar a otra jerarquía reservada exclusivamente a los hombres, los OluBatá, en ceremonias donde a cada uno de los Orishas se le dedica un toque especial en su honor, que solo a él compete, para su complacencia y bienestar, que incorporado a las ceremonias dan una fuerza operativa contra las fuerzas misteriosas de la naturaleza, produciéndose de esta manera, una música litúrgica, un recurso expresivo de carácter mágico-religiosos, suya sensibilidad provoca un conjunto rítmico de resonancia emotiva, lleno de melodías con proporciones armónicas tan peculiares que permiten hablar al tambor.
"De los cantos afroocidentales muchos, sin duda, pasaron el mar y fueron transplantados en estos países cisatlanticos. De los cantos sagrados de los lucumís, que se siguen entonando en América, muchos son los mismos, con ninguna o pocas variantes, que fueron traídos de África con los dioses y sus liturgias. Las religiones africanas no perdieron sus músicas tradicionales al paso del mar, ni adoptaron otras nuevas. Los fieles, sacerdotes y músicos, las conservaron en sus mentes, grabadas en ellas por prodigiosa memoria, es decir, en los mismos "archivos" donde eran conservadas en África a través de centurias y en América las reprodujeron en todas partes donde fueron injertadas."
Para hablar con los Orishas, para lograr que los toques de tambor lleguen al oído de las divinidades y despierten su interés para las peticiones que realizan sus acólitos, con una evocación a los dioses que se encuentran alejados y distantes, sin prestar atención al éxtasis religioso en que se encuentran sus devotos, es necesario un creciente poder, una fuerza que logre excitarlos e impelerlos a la acción.
Para reforzar la fuerza con que se tocan los tambores, se valen de aquellos instrumentos que lo provocan y lo propician:
-El pico de auxilio o cualquier pito, para Elegguá.
-Las tumbadoras para Echú.
-Tabletas de madera para Babalú-Ayé.
-Una campana de plata o de cualquier metal blanco para Obbatalá.
-Campana de metal amarillo para Oshún.
-La baya del flamboyán para Oyá.
-Una maraca pintada de rojo y blanco para Changó.
-Maraca pintada de azul y blanco para Yemayá.
T- Güerere
CONTINUARÁ ...

jueves, 24 de septiembre de 2009

LA LLAMADA A LOS "ORISHAS"

LA LLAMADA A LOS "ORISHAS"
PARTE I
En ocasiones especiales, durante el desarrollo de un registro, sorprendentemente, respondiendo a una orden misteriosa, con envolvente fuerza y seducción, con la presencia de símbolos, atributos y signos, en un conjuro que sólo a ellos es es permitido posee, los petrificados caracoles, luego de ser frotados al unísono unos con otros en las manos del oficiante, las doce conchas marinas tiradas en desorden sobre la estera, nos encaminan hacia los linderos más profundos de los desconocido, haciéndonos temblar de estremecimiento, invadiendo nuestros sentidos de una tensión perturbadora, logrando reproducir fielmente las decisiones de las deidades consultadas, sin milagros, sin rezos, sin esperas, ya que ciertos ensalmos los han dotado de poderes especiales en un pacto sellado entre los iniciados y los Orishas, a los primeros por sus conocimientos, su sabiduría y su poder omnipresente y donde a estos últimos compete determinar las condiciones bajo las cuales desean consentir el acceso al mundo de la ultratumba y permitir al santero, por sus lazos directos con los santos, por su capacidad de observar todos los ritos del culto, escuchar los designios de las entidades supremas, dar su interpretación de mas mismas, redondeando así la obra que los dioses negros le han encomendado.
A los Orishas, se les invoca de diversas maneras, de viva voz, con rezos especiales, donde el oficiante habla con ellos, incitándolos a la acción, con voluntad fuerte para producir la reacción deseada, generalmente en voz alta, con el convencimiento ardiente de que la magia dará resultado, pues los sacerdotes mantienen en su interior el aliento de la vida y el nexo religioso, en una comunicación con los seres misteriosos, para merecer su auxilio o para dominarlos por el poder de la palabra, en la creencia de que las palabras son fuentes de energía, con la seguridad inconmovible de que las deidades entienden todos los idiomas, pero con especial deleitación la lengua Yoruba con la cual "hablan" con ellos, empleando gestos y ademanes, toda la mímica necesaria como un lenguaje secreto y misterioso entre el iniciado y sus ídolos, para propiciar la realización de actos trascendentales que den énfasis a su plegaria, para hacerlos más propicios y comprensivos, pues el poder espiritual y mágico de las palabras es tan grande que su vocalización puede poner en movimiento impulsos vibratorios gigantescos, obligando a los dioses, por la intermediación oral entre los hombres y las divinidades, a someterse a las conveniencias de los creyentes, o por medio de ciertos cánticos llamados suyeres, dirigidos a las entidades sobrenaturales.
T. Güerere
CONTINUARÁ ...

miércoles, 19 de agosto de 2009

LA INFLUENCIA DE LA LUNA

LA INFLUENCIA DE LA LUNA
Bajo ninguna circunstancia se debe emprender cualquier trabajo serio de brujería durante el período de cuarto menguante de la Luna.
En este respecto, la brujería Kongo no difiere de la europea que también depende fuertemente de la influencia de la Luna.
En un mito africano, el Sol se casó con la Luna y tuvieron muchos hijos.
Los hijos son las estrellas (irawo) y ellas nunca iban a ninguna parte sin su madre.
Los hijos decidieron seguir a su padre y el Sol, molesto por la persistente compañía de sus hijos, les dijo severamente que volvieran a casa enseguida.
Los pequeños soles se extraviaron y cayeron al océano donde se ahogaron.
Esta es la razón por la cual el Sol siempre aparece solo en el cielo mientras que la Luna está siempre acompañada por las estrellas, sus hijas.
La Luna en cuarto menguante es conocida como ochukwa aro.
Ella es muy temida por los mayomberos porque se cree que está asociada con iku (la muerte).
Por otro lado, la Luna creciente, se cree que es benéfica y los bebes recién nacidos son usualmente presentados a ella después de los cuarenta días del nacimiento.
Se considera que los rayos de la Luna protegerán al niño durante toda su vida.
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