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martes, 16 de noviembre de 2010

ORISHA "AGGAYÚ"


ORISHA "AGGAYÚ SOLA"
16 de Noviembre es su día
Aggayú Solá es un Orisha y representa en la naturaleza al volcán, el magma, el interior de la tierra.
Representa además las fuerzas y energías inmensas de la naturaleza, la fuerza de un terremoto, las de un ras de mar, la lava de los volcanes circulando intensamente en el subsuelo ascendiendo a la superficie, la fuerza que hace girar al universo y a la tierra en él.
Es el bastión de la Osha y particularmente de Obbatalá.
Vive en la corriente del río.
En lo humano se representa por un barquero en el río. 
Aggayú Solá es además el Orisha de los desiertos, de la tierra seca y de los ríos enfurecidos.
Es el gigante de la Osha, Orisha del fuego, de carácter belicoso y colérico. 
Es el báculo de Obbatalá.
Confundido en algunos casos con Aganjú el 6° Alafín de Òyó. 
Su culto proviene de tierra Arará y Fon.
Su nombre proviene del Yorùbá Aginjù Solá 
(Aginjù: desierto - So:voz - Àlá: Cubrir), literalmente "El que cubre el desierto con su voz".
Es un Orisha que no se coloca a la cabeza en las casas Lukumís, se hace Chango con oro para Aggayú y en algunas casas hacen Oshún con oro para Aggayú.
Se coloca a la cabeza en algunas casas de origen Arará.
Si se coloca a la cabeza, su Otá principal es de forma piramidal y debe de permanecer atada debajo del río por período de 9 días.
Su número es el 9 y sus múltiplos. 
Su color es el rojo oscuro y blanco o los 9 colores excepto el negro.
Se compara en el sincretismo con San Cristóbal
Se saluda ¡Aggayú Solá Kinigua oggé ibbá eloní !
Aggayú Sola 
Sincretismo con San Cristobal
Cristóbal significa "el que carga o portador de Cristo".
San Cristóbal, popularísimo gigantón que antaño podía verse con su barba y su cayado en todas las puertas de las ciudades: era creencia común que bastaba mirar su imagen para que el viajero se viese libre de todo peligro durante aquel día. 
Hoy que se suele viajar en coche, los automovilistas piadosos llevan una medalla de san Cristóbal junto al volante.
¿Quién era? Con la historia en la mano poco puede decirse de él, como mucho que quizá un mártir de Asia Menor a quien ya se rendía culto en el siglo v. 
Su nombre griego, «el portador de Cristo», es enigmático, y se empareja con una de las leyendas más bellas y significativas de toda la tradición cristiana. 
Nos lo pintan como un hombre muy apuesto de estatura colosal, con gran fuerza física, y tan orgulloso que no se conformaba con servir a amos que no fueran dignos de él.
Cristóbal sirvió primero a un rey, aparente señor de la tierra, quién a quién Cristóbal vío temblando un día cuando le mencionarón al demonio.
Cristóbal entonces decidió ponerse al servicio del diablo, verdadero príncipe de este mundo, y buscó a un brujo que se lo presentará. 
Pero en el camino el brujo pasó junto a una cruz, y temblando la evitó. 
Cristóbal le pregunto entoncés si el le temía a las cruces, contestandole el brujo que no, que le temía a quién había muerto en la cruz, Jesucristo. 
Cristóbal le pregunto entonces si el demonio temía también a Cristo, y el brujo le contestó que el diablo tiembla a la sola mención de una cruz donde murió él tal Jesucristo.
¿Quién podrá ser ese raro personaje tan poderoso aun después de morir? 
Se lanza a los caminos en su busca y termina por apostarse junto al vado de un río por donde pasan incontables viajeros a los que él lleva hasta la otra orilla a cambio de unas monedas. 
Nadie le da razón del hombre muerto en la cruz que aterroriza al Diablo.
Hasta que un día cruza la corriente cargado con un insignificante niño a quien no se molesta en preguntar; ¿qué va a saber aquella frágil criatura? 
A mitad del río su peso se hace insoportable y sólo a costa de enormes esfuerzos consigue llegar a la orilla: Cristóbal llevaba a hombros más que el universo entero, al mismo Dios que lo creó y redimió. 
Por fin había encontrado a Aquél a quien buscaba.
--¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero?--Tienes razón, le dijo el Niño. 
Peso más que el mundo entero, pues soy el creador del mundo. 
Yo soy Cristo. 
Me buscabas y me has encontrado. 
Desde ahora te llamarás Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo. 
A cualquiera que ayudes a pasar el río, me ayudas a mí.
Cristóbal fue bautizado en Antioquía. Se dirigió sin demora a predicar a Licia y a Samos. Allí fue encarcelado por el rey Dagón, que estaba a las órdenes del emperador Decio. Resistió a los halagos de Dagón para que se retractara. 
Dagón le envió dos cortesanas, Niceta y Aquilina, para seducirlo. 
Pero fueron ganadas por Cristóbal y murieron mártires. 
Después de varios intentos de tortura, ordenó degollarlo. 
Según Gualterio de Espira, la nación Siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo.
San Cristóbal es un Santo muy popular, y poetas modernos, como García Lorca y Antonio Machado, lo han cantado con inspiradas estrofas.
Su efigie, siempre colosal y gigantesca, decora muchísimas catedrales, como la de Toledo, y nos inspira a todos protección y confianza.
Sus admiradores, para simbolizar su fortaleza, su amor a Cristo y la excelencia de sus virtudes, le representaron de gran corpulencia, con Jesús sobre los hombros y con un árbol lleno de hojas por báculo.
Esto ha dado lugar a las leyendas con que se ha oscurecido su vida. 
Se le considera patrono de los transportadores y automovilistas. 
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